Entre pandemia, medios y política.

Siempre existió cierta concordia entre los sectores multimediáticos y los recién llegados a la Casa Rosada (gobiernos). Lamentablemente, aquel acuerdo tácito de no agresión dura lo que, desde los sectores corporativos, creen justo y necesario. Hoy el albertismo está en proceso de ruptura con el mensaje en las pantallas: lo que antes se valoraba y se justificaba, hoy se usa a la contraria para debilitar a un gobierno que arrancó con un poco habitual 70 por ciento de imagen positiva.

Claro, esa “amistad” artificial y que siempre se movió en la periferia y en los bordes del colapso semántico, se soslayó a partir de la pasividad de un gobierno que recién arrancaba. Y en ese sentido, Puede que la Pandemia haya estirado esa breve primavera. A razón de un país que poco tiene de rutinario, las alertas no se hicieron esperar y esa fuerzas antagónicas se terminaron de tensionar al paso de 8 meses del ascenso del gobierno popular. 

La alianza macrista lejos está de conformarse como una posibilidad real, aunque es cierto que en la ultima elección hayan sacado más del 40 % de los votos hoy se los ven divididos, armándose de un sector más radicalizado y desde otro mucho más político (Halcones y Palomas). El más castrense, se desentiende del contexto internacional y se aprovecha de la coyuntura, generando “focos” incendiarios, por supuesto, siempre con la ayuda de aquellos que los instalaron en el poder. 

Otras de las curiosas evidencias que se instala, son las semejanzas con la oposición venezolana, sin un líder claro y carente de dirección; donde el antagonismo al oficialismo es capitalizado por los medios de comunicación masiva, sobre todo por los dos grandes de la prensa escrita: Clarín y La Nación, sin obviar otros importantes portales digitales como Infobae o Perfil. Dichas plataformas crean sentidos y coartan la realidad manipulando desinteresadamente cada evento de la realidad, al punto de titular casi idénticamente titulares de noticias relevantes y utilizando la coincidencia como organizador de sentidos. Nuevamente suenan los clarines.

La estrategia mediática se acuesta sobre tres premisas fundamentales: la sobreinformación, la instalación de la agenda de redes sociales (contenido dudoso) y las fake news. Esas tres combinaciones, a priori, son convergentes y se complementan logrando socavar las voces divergentes que quieren sobresalir de las agendas instaladas por los sectores más extremistas. Tema conveniente para desviar la atención que afecta e interesa a la política. 

Asimismo, lejos está el oficialismo de ser un ente inocente; lejos está también de no planificar bajo la necesidad de desarticular los discursos hegemónicos de una prensa que intenta interpelar a un sector importante de la sociedad. ¿La interpela a partir de los sentidos que ellos mismos instalan? Si bien todo tiene su correlato y las dificultades que el poder político tiene en sobreponerse a fuerzas escondidas se subyacen a intereses que lejos están de ser beneplácitos territoriales, dificulta la gobernabilidad de quienes tienen la oportunidad de llevar las riendas políticas del Estado argentino.

Y entonces, nuevamente hablamos de que la política queda atrapada en la tiranía de la globalización comunicacional, ya que la “rosca” o  negociación con los diversos partidos políticos se llevan a cabo bajo las directrices representadas por pantallas, redes sociales y, en menos medida, las radios (o podcast); agendas instaladas intencionalmente desde la masividad de un multimedio. Y ante esa circunstancias, los Representantes de la política Argentina están más interesados en ser mensajeros de un mensaje que se esconde en la máximas de ideología de pared. El debate ¿Qué debate? 

Una bizarra prioridad podríamos exponer desde cualquier mesa de café, pero la “argentinidad”, si es que existe tal termino, no es zonza; y bien sabe que la maquina de generar sentimientos es inherente a la pantalla boba y poco importa si lo que se dice está fundamentado o tiene alguna lógica verdadera, lo que importa es causar efecto, ser un gran provocador de sentimientos, de algarabía, de odios. Ser funcionario de propaganda sirve más que cumplir cívicamente con los mandatos políticos para los cuales fueron votados.

Por eso políticos y funcionarios giran por canales televisivos a todas horas: respondiendo derroteros de preguntas idénticas (armadas) días tras día. Mintiendo, tergiversando, y operando a diestra y siniestra.  Esa lógica corre para todos y no solo para el macrismo. Es más importante el efecto que la razón. Y allí se los ve, haciendo una parodia de si mismo en un continuo inacabable de fraseologías transversales y redundantes.  Por eso no es novedosos que surjan tendencias de las màs disparatadas, las cuales encuentran lugar y reproductibilidad en múltiples plataformas digitales, hoy la herramienta de la masividad. 

Ahora bien, las conspiraciones como explicación de sucesos científicos, el terraplanismo, los antivacunas, o los recientes “anticurentena”, no son un hecho aislado, sino más bien un producto que se fue forjando desde una derecha que se forma desde las bases de un mismo sujeto, el antiperonismo a nivel vernáculo, o antiprogresismo por lo internacional. Es una lucha entre el mito y la ciencia, es un regresión entre el positivismo y antipositivismo, entre dioses y hombres. Una batalla entre una derecha dogmática e hiper ideologizada frente a un izquierda que no sabe bien donde colocarse y como responder ante tales circunstancias de post verdades repetidas en modos industrialistas. 

Llevado el hecho anecdótico a nivel local, El Frente de Todos, el partido gobernante,  intentó gestionar desde el hecho político, en un época que prima la exacerbación de masas derechizadas por el bombardeo diario de noticias o de malas noticias. Y como la culpabilidad siempre es de la política, las tendencias reaccionarias no se hacen esperar y se delimitan posiciones anti-políticas y antiestatistas. Los “anti” como solución de un ocaso causado por ellos mismos. El peronismo enfrenta luchas diversas; culturales, semánticas y sanitarias. Un poco de todo y un poco mucho.

Por supuesto que cuando hablamos del comienzo del “hacer política”, damos por hecho que son acciones que van en contra de intereses empresariales, de aquellos dueños de la crean sentido y retratan realidades. Cambiar, reformar y destruir desde las bases los cimientos que estandarizaron la pobreza y normalizaron la desigualdad. El peronismo es un movimiento que en el imaginario popular brinda la esperanza de las clases subalternas, aunque, por supuesto, no siempre termina siendo una solución. A veces traiciona sus principios y se aliena con las patronales, haciendo del sueño de una burguesía nacional y patriótica una mera extensión de las asimetrías económicas. Recalculemos y volvamos a lo nuestro. 

En la actualidad, se combina el peligroso combo de la frivolidad y las ideologías decadentes y represivas, que se explican a partir de teorías retorcidas y que a su vez capitalizan los discursos sociales (digitales) para hacer de ellos un frente político/cultural. La derecha capta a aquellos sectores “indignados” y nostálgicos, utilizándolos a “piacere”. También existe un deriva internacionalista, asimilando un concepto trotskistas, de los discursos implantados en la sociedades occidentales. Lo “odios” instalados son idénticos sea en Argentina, en Brasil o en España. 

Pero como el covid no es la única ni la principal afección que tiene la economía Argentina, el Frente oficialista comenzó a mover sus fichas y mostrarse autónomo de los sectores engullidos de poder. El movimiento albertista, en medio de una crisis sanitaria, crisis que a su vez afectó lo social y económico, intenta mediar entre los rencores de lo que pudo ser, y los puristas propios que no se retraen ante el más mínimo corrimiento ideológico. 

Luchas que se dan en medio de los primeras arremetidas importantes que tuvo que hacer frente el gobierno de Alberto Fernández. Vicentín primero, la Reforma Judicial después; son instrumentos de la política que afectan el poder fáctico de sectores sumamente poderosos. Y esa “arremetida” no es gratis, y los medios, utilizados como instrumentos de guerra, comienzan a hacer su trabajo. La estrategia es simple, desgastar la imagen del presidente hasta someter sus intenciones primigenias, hasta que no tenga fuerza de negociar y tenga que “ceder” ante tales presiones.

La táctica es sincrónica y se acentúa con el paso del tiempo. La “guerra” discursiva/cultural se organiza y legitima desde los panfletos de los medios satélites: “libertades individuales”, “atropello de la justicia” y otras frases inertes, son los cebos de un campo cultural minado por las trivialidades de conceptos abstractos.Y asì es que reaparece la figura y deriva de un gobierno totalitario. La cuarentena sirvió hasta que los miedos se disiparon, y una vez envalentonados, lo que antes se tomaba como una medida paternalista del frente peronista, ahora es vista como un atentado a las libertades individuales. Otra vez, el recorte de la realidad para favoreces discursos disruptivos, políticos y poco convencionales.  

Y aunque parezca una locura y tomando en cuenta que  la libertad no es absoluta si se afecta la salud de un tercero, se instala un discurso hegemónico para socavar cualquier intento político de cuidar a la población. Los medios comienza a usar la eventual crisis sanitaria a su favor, y desde los reductos de su poder, comienzan a incentivar las marchas de la derecha nacional: fomentar el contagio y agravar la crisis como respuesta política desde los sectores de poder. Las marchas no son autoconvocadas si no divulgadas desde la redacciones, haciendo uso de su influencia los medios 

El encierro y la digitalidad trajo consigo una nueva forma de protesta y de usos políticos del “descontento social”, donde el maniqueísmo es la regla; “agrietando” cualquier tema de noticiabilidad. Lo que se considera buena o malo televisiva o radialmente “ordena” el estrato social, ordena el “sentido común”. y así, a pesar nuestro, transcurre nuestra cotidianidad actual: entre pandemia, medios y política

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s