Un Rojo económico

Centralización, tripartismo y calamidad.

Independiente vive horas de revuelo e incertidumbre en cuanto a su futuro futbolístico. Una novela continuista en el conjunto más popular de Avellaneda.

moy

Lo que parecía un rumor, hoy se filtra entre lo infinitos intersticios de la resquebrajadas barricadas que habían impuestos los camioneros en su llegada al club. Lo que antes se erigía herméticamente como una impostada estructura inamovible, hoy se astilla ante la mínima agitación del viento más aletargado.

El “Rojo” ingresó nuevamente en una de las tantas crisis cíclicas que nos tiene mal acostumbrados. Otra vez y con sobrados indicios, volcó y desparramó el capital futbolístico que había logrado obtener en la primera gestión de los sindicalistas. La Copa Sudamericana 2017 más el triunfo copero en Japón (Suruga Bank 2018), ya no son el bastión que supieron ser; y los laureles de la dirigencia se desintegran a pasos acelerados.

Es así que los problemas persisten, como un círculo vicioso e infranqueable que se resiste al empuje de la historia.  Lo conflictuado que se torna la actualidad, develan un problema más profundo y de arrastre en el club: el desmanejo y la desidia de la actual comitiva. Es que entre la gente de Independiente se siente la acefalía con la que se maneja al “Rey de Copas”. ¿Están más interesados en salvaguardar su “nombre” que la economía de Independiente? Los que debes garantizar y cuidar de nuestro patrimonio, parecen estar más ocupados en cuestiones de política general, obviando las necesidades que más urgen. La ilusión de Poder que se preveía iban a tener los Moyano no es tal; y las tan acuciantes crisis vuelven a impactar y golpear nuestras puertas.

Se esperaba un actuar adecuado a las circunstancias, se esperaba claridad a la hora de revelar números y posibles soluciones, pero los “jerarcas”  no están siquiera preparado, y a lo único que aspiran como solución comunicativa es a  Héctor Maldonado, el soldado más leal del clan camionero, y usado como baluarte de “guerra”; es a quien los Moyano (Pablo y Hugo) mandan a las trincheras para dar respuestas a la incertidumbre por la que atraviesa el club. Por supuesto que las respuestas lejos están de poner claro sobre oscuro; parecen excusas, malas excusas que dejan un halo de desesperanza en el aire.

Existe, además, una necesidad de mostrarse omnipresentes en todo el arco institucional; y esa necesidad nace de su evidente falencia sobre la praxis. Lo tripartito del moyanismo, entre (política, sindicalismo y Club) genera desconfianza sobre lo efectivo de la conducción. ¿Se puede manejar una institución como Independiente de manera parcial? Quizás, ese es el principal problema que existe entre dirigencia y socios. Independiente es un barco sin capitán, una estructura que se hunde y de la que nadie se hace cargo.

Y es tan así, que aunque los problemas florecen y son cada vez más apremiantes, en esta crisis rige un  hermetismo costumbrista, y la política se termina corrompiendo ante la necesidad que tienen los dirigente de dar explicaciones verosímiles, las cuales lejos están de conformar a la parcialidad. Tampoco se tiene el rigor de si Independiente cuenta con el capital necesario para saldar las deudas. Desde el club emitieron un comunicado en el que aseguran que se pueden hacer cargo, como respuesta (y responsabilizando) al diario Olé, por manipular información y postear maliciosamente, según la comitiva, “datos erróneos”.

A pesar del ida y vuelta en el campo mediático, las deudas no son de mentira y sus números asustan a propios y ajenos. El régimen de gasto y la “baja productividad del capital adquirido”, más la suba precipitada del dólar, consuman el desastre.  Aunque la actualidad parezca una compleja trama de ficción, el Rojo se encuentra desgañitándose por normalizar su economía que día tras día desmejora. Asimismo y bajo la sensible situación coyuntural, la dirigencia es de las primeras que se mueve en el mercado de pases. Iván Marcone es el apuntado. ¿trueque Iván – Cecilio?

Pero ojo! Porque no se mueve por iniciativa propia, sino por imperiosa necesidad de reforzar a un equipo que inevitablemente quedará diezmado. Es que la situación de catástrofe no solo se evidencia ante los números en rojo que azota su economía, sino también por la inminente partida de jugadores importantes del primer equipo, que se estimula y evidencia por la mala gestión y/o comunicación de los problemas en el mundo Independiente.

La cúpula no logra excusarse de las malas decisiones y sus intentos por aclarar la situación los hace hundirse en los abismo de la incredulidad. Poco a poco se alejan de los logros adquiridos de sus primeros años y el exilio que se avecina parece inevitable. Cecilio Domínguez, Juan Sánchez Miño, Lucas Romero, Silvio Romero, Gastón Silva, Martín Campaña, son algunos de los nombres que suenan para abandonar el barco. Con el particular caso del capitán que, a pesar de ser uno de los principales cabecillas de la “resistencia”, mostró intenciones de “quedarse a pelearla”.

Ahora bien, ¿cómo se vislumbra el futuro más próximo? ¿Se puede normalizar la institución sin la necesidad de un desguace total? Muchos prevén un solución de las más simplistas, pero quizás de las más obvias y efectivas que se suceden por el degradado y calamitoso estado del club. Algunos agitan el esquema elección anticipada, otros, mas cautos, esperan que los camioneros enderecen el barco y al menos, antes de irse, salden las deudas que asfixian al club de nuestros amores. La oposición tampoco parece tener tantas luces; la aparición de sectores ligados al macrismo no parece empoderarse bajo un esquema de cambio radical, sino que se esconde bajo una manta idéntica, siendo más de los mismo. Políticos que intentan hacer política desde Independiente.

No queda otra que esperar, ya que el alejamiento de la comitiva sindicalista no se dará en el corto plazo, por estatuto le quedan todavía un año y 4 meses de gobierno. insisto y reclamo la total atención a nuestro club. Y repito que Lo tripartito del moyanismo, entre la política el sindicalismo y el Club, dejó a la institución en un alto grado de, como mencioné anteriormente, acefalía. Todo parce pasar por Yoyo Maldonado, una descentralización que termina por mitigar la atención que la institución se merece. Quedar relegado no parece ser una opción para el club. Porque la crisis se presentó como un océano que se eleva entro los médanos y no da tiempo a la reacción y la falta de compromiso empeora

Espero que el objetivo del moyanismo no sea salvaguardar su aquiescencia política, necesitamos que los errores, intencionales o no, sean solucionados con idoneidad. La pacificación económica será la causa  primordial para tener un periodo pre-eleccionario tranquilo. Luego será responsabilidad de los socios e hinchas poner en el trono del diablo a alguien que represente fielmente los intereses de todes los que amamos a esta camiseta.

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